Una noche escribiendo frente al computador, se me vino a la mente el recuerdo de todos aquellos amores que tuve, amores que encontré y que un su mayoría se perdieron, desde mi niñez hasta mi juventud, recuerdo que amé con todo el corazón, que todo lo que yo sentía era puro y sincero, que era capaz de entregar mi vida por ello, pero que lamentablemente no conseguí mucho, porque simplemente aquel amor solo lo sentía yo, más no la otra persona, porque no tenía experiencia de nada y nunca atiné a decir una sola palabra de aquello, recuerdo que era muy tímido, que no tenía el valor de enfrentar todo por aquello, porque simplemente cuando la veía se me nublaba el pensamiento, y lo único que hacía era hacerme a un lado, contemplar tristemente aquello que sentía que era inalcanzable, y así aprendí a llorar en silencio, a saber cual es el sabor de la soledad, era tan joven y ya me sentía así, tantas veces me tocó vivir la misma historia, a veces me pregunto si estuvo bien lo que hice, pero me estoy dando cuenta de que no, al menos no con dos historias de aquella larga lista, que son las que más me marcaron, y sé que las recordaré durante toda mi vida.Ya casi terminaban las vacaciones, y por primera vez iba a saber lo que era estar en el último año de educación secundaria, el año en el que se termina el colegio, no recuerdo bien la fecha exacta, pero creo que fue a inicios de marzo del 2003, yo siempre andaba con un amigo de la infancia, tenía mi misma edad y vivía a la vuelta de mi casa, nuestra gran diferencia era que él sabía cómo actuar ante las chicas, mientras que yo era todo un desastre por así decirlo, su nombre era Pedro, y en ese entonces era mi mejor amigo, juntos conocimos a una linda chica llamada Jeremi, fue algo curioso como nos hicimos amigos, ya que fue a través del chat, que en ese entonces estaba muy de moda, y pues quedamos en vernos en el cibercafé en donde ella se encontraba, yo estaba con Pedro y fuimos los dos, recuerdo que entramos en el lugar pactado, caminamos un largo trecho por entre las computadoras hasta llegar a la de ella, nos saludamos, y quedé completamente cautivado por su encanto; yo me sentía algo avergonzado y no sabía que decir, sin embargo, Pedro que era muy abierto y extrovertido, no sintió ningún temor, así que empezó a hablar amenamente haciendo algunas bromas, yo trataba de ir a su paso e incluso atreverme a hacerlo mejor que él, pero todo lo que conseguía era ridiculizarme a mí mismo. Salimos los tres del lugar, caminamos unas cuantas cuadras con dirección al paradero para embarcarla, y luego de una larga y amena conversación, ella se despidió dejándonos sus datos obviamente, como el correo electrónico y el teléfono. Jeremi trabajaba en Telefónica, salía a las 9 de la noche, y todos los días íbamos a esperarla a la salida del trabajo, ella tenía 19 años en ese entonces, yo apenas 17 al igual que Pedro. Así transcurrieron los días, y yo sentía que cada vez me enamoraba más de Jeremi, yo ya le había comentado a Pedro de mis sentimientos, y le dije que me había enamorado de ella, a él ella solo le gustaba, así que me propuso que se lo dijera, así que intenté acercarme más a Jeremi, ya que Pedro se había hecho muy amigo de ella, y yo aún no lograba tener esa confianza que ellos dos tenían, ya que mientras Pedro bromeaba veinte veces yo apenas lo hacía una triste vez, pues no sabía como actuar en aquel momento y disfrutaba más viéndolos a los dos, solo atinaba a mirarla con la boca abierta y escuchar todo lo que me decía. Hasta que llegó el día en el que debía llevar acabo el declararle mi amor a Jeremi, no recuerdo muy bien que sucedió aquella vez, que sin haber dicho o intentado algo me desanimé por completo de la idea, porque pensé, como siempre, que sería rechazado y entonces la perdería, así que le dije a Pedro que no lo podía hacer y que fuese él quien se lo dijera a ver si le resultaba, y así fue. Aquella noche, me quede por un momento a solas con Jeremi, era el momento ideal para decirle cuanto la quería, pero no lo hice...., maldición no lo hice!!! Luego llegó Pedro a donde estábamos y conversamos los tres un rato, sonó el celular de Jeremi y mientras ella hablaba por fono, Pedro me llamó a un costado y me preguntó si le había dicho algo, le dije que no, y me dijo -eres un estúpido-, tenía razón, luego caminamos unas cuadras y me despedí de ellos, al día siguiente los encontré tomados de la mano, no me atreví a preguntar.
Me veía con ellos casi siempre, Pedro con Jeremi andaban abrazados, tomados de la mano y besándose casi todo el tiempo, mientras que yo andaba de violinista a su costado, pues no encontraba algo mejor que hacer, acompañándolos todo el tiempo y a todos lados, siempre como buen idiota, pensando que algún día ella se daría cuenta de cuanto yo la quería. Así pasaron cerca de cinco o seis meses, hasta que un día regresando de una discoteca con Pedro, me dijo que me iba a contar algo pero que debía guardar el secreto, estábamos en el taxi en ese momento, así que le dije que procediera con lo que me quería mencionar, y pues me dijo descaradamente que había agarrado con dos chicas en dos oportunidades que trabajaban de anfitrionas en aquella discoteca, tanto él como yo habíamos tomado unas copas de más, será por eso que lo mencionó, por lo que me llené de ira y le dije que era un imbécil desgraciado, él solo se río y me dijo -¿Qué, ahora vas a ir corriendo a contarle a Jeremi?- creo que lo vio en mis ojos, al día siguiente fui a ver a Jeremi y le conté lo sucedido, ella como que no quería creerlo porque quería mucho a Pedro, traté de calmarla y le dije que era mejor que vaya a hablar con Pedro para que resuelvan su situación, ella me miro con ojos tristes y me dijo -hay amigo! no puedo creer que me haya hecho esto, voy a terminar con Pedro- yo no dije nada, solo la miré tiernamente a pesar de que pude haber hecho mucho más en aquel momento. Después de que hablaron, para sorpresa mía, Jeremi había perdonado al estúpido de Pedro, yo lo conocía muy bien y sabía que él no iba a cambiar, que solo era un cazanova y así se iba a quedar, que aquel individuo jamás quiso a Jeremi, y peor aún, me di cuenta que Jeremi estaba completamente ciega y que mis palabras y consejos no tenían relevancia para ella, desde aquel día ya no quise saber nada de ellos, ahora solo los veía en ocasiones. Después de aquello, me di cuenta que su relación no iba bien, como era de esperarse, hasta que al fin un día terminaron.
Luego de un breve tiempo, empecé otra vez a frecuentar a Jeremi, ahora solo éramos ella y yo, salíamos como amigos, conversábamos tranquilamente, pero sin embargo, yo no me sentía tranquilo después de todo, pues tenía atado algo muy dentro de mi, y me quemaba y me ardía y me dolía, y sí, era lo que yo sentía por Jeremí, que aún no se había apagado y debía salir. Una noche, sentados en una banca en la acera, se lo dije, me costó mucho pero se lo dije, pero lo triste de esta historia, es que no le dije lo que debí decirle, solo la miré, y le reproché muchas cosas sin sentido, le dije que me gustaba mucho, pero que ya todo había quedado en el pasado, hablamos unos minutos más sobre lo mencionado, y luego nos despedimos quedando solo como buenos amigos. Después de unos días, volví a verla para pedirle que sea mi pareja en la fiesta de promoción, ella accedió gustosa. Las clases ya habían acabado, ya tenía mi libreta de notas y mi diploma, solo faltaba el baile de promoción y decirle adiós para siempre a mi querido colegio, sin saber que en aquella fiesta también le diría adiós para siempre a Jeremi. Fue una noche fantástica, la última en la que los compañeros de clase y los profesores estarían juntos, y por supuesto yo al lado de Jeremi. Recuerdo que fui bien enternado a recoger a mi dulce princesa a su casa, llegué, toqué el timbre y me abrieron su tía y sus abuelos, me invitaron a entrar y la esperé sentado en la sala unos cuantos minutos, hasta que por fin salió. Estaba hermosa, sentí que mi corazón latía cada vez más fuerte cuando la vi, y su abuela sin querer queriendo, aprovechó para hacer un muy oportuno comentario -hacen bonita pareja- agregó, yo me sentí muy halagado y más que nunca quería que aquello fuese verdad. Nos despedimos de su tía y sus abuelos, y partimos con dirección a la fiesta, empezó la ceremonia, la entrega de recordatorios, las palabras de los profesores y la directora, empezó a tocar la orquesta y cada quien empezó a bailar con su respectiva pareja de promoción, luego bailamos con nuestros padres, minutos después empezó la jarana, luego los padres de familia se retiraron junto con algunos profesores, y la fiesta ahora era solo de los alumnos. Bailé con Jeremi hasta más no poder, se quedó conmigo solo hasta las 3 am porque me dijo que al día siguiente tenía que ir al trabajo, pero yo noté algo más en su mirada, en aquel instante no sabía que era, pero ahora si, cuando ya es muy tarde. La dejé en su casa, luego volví a la fiesta a pesar de que no tenía ánimos de regresar, quería solo caminar en ese momento, sentarme en algún rincón, encender un cigarrillo y llorar amargamente. Luego de aquella noche nunca más volvería a verla.
Pasó mucho tiempo desde la última vez que vi a Jeremi, fue difícil olvidarla, sin embargo, cuando uno ama mucho a alguien siempre quedan las huellas y las cenizas, y siempre en algún momento llegan los recuerdos de aquel dulce amor, por lo que sonreímos, suspiramos y nos preguntamos ¿Qué fue de aquel amor?. Muchas veces en mi vida me he preguntado si algún día encontraría a una chica como Jeremi, con la delicadez, ternura y sinceridad que la caracterizaban, con aquella dulce sonrisa, con aquella alegría que siempre llevaba consigo, con aquella chica tan amable y educada, con aquella chica de corazón simple, que era lo que la hacía tan especial y diferente a las demás chicas, y que era lo que más me importaba. Un día pensé en buscarla, en ir decirle de una vez por todas que la amaba, y pedirle que comparta su vida con la mía. Yo en ese entonces había cambiado mucho, ya no era el tonto ni el tímido de antes, había madurado mucho, y me di cuenta de cuanto ella valía para mi, y que jamás encontraría a una chica igual, solo que no pensé que en aquel tiempo las cosas podrían haber cambiado tanto. Recuerdo que fui a buscarla a su casa, y en el momento en que me acerqué para tocar la puerta, la mente se me puso en blanco, mi cuerpo empezó a temblar y me sentí algo nervioso, trataba de calmarme pero no podía, pues estaba a punto de reencontrarme con Jeremi, así que tuve que respirar profundamente, y esperar algunos minutos a que se me pase, luego toqué la puerta, creo que fue su tía quien me abrió, y le dije muy emocionado -Buenas tardes, ¿Se encuentra Jeremi?-, y para tristeza mía, me dijo que Telefónica, la empresa en la que Jeremi trabajaba, la había enviado a un pueblo lejano, no recuerdo a cual, para supuestamente capacitarlos, y que no regresaría en algunos meses. La melancolía me inundó en aquel momento y al ver que mi visita ya no tenía razón de ser, me despedí de aquella señora, solo le dije que por favor le haga llegar mis saludos a Jeremi, luego me marché. Yo vivía en Lima y estaba en Chimbote en aquellos días, la ciudad natal en la que nací, me crié, estudié todo el colegio, y en la que conocí a Jeremi; yo solo había ido por un par de semanas a aquella ciudad. En la noche intenté llamarla a su celular, pero sonaba apagado, intenté más tarde y seguí intentando, pero nada, al parecer había cambiado de número, y no me quedo más opción que resignarme. Seis meses más tarde intenté buscarla una vez más, pero ya no a su casa, pensé en esperarla a la salida del trabajo como en los viejos tiempos, y así lo hice. Dieron las nueve de la noche y yo estaba parado en aquella esquina, esperando con muchas ansias volver a verla, estuve cerca de veinte minutos esperando, hasta que me tope con una conocida que trabajaba también en Telefónica y que recién salía de la empresa, nos saludamos y me preguntó a quien esperaba, le mencioné que a Jeremi ya que también la conocía, me miró sorprendida, y me dijo que hacía mucho que ella (Jeremi) no trabajaba ahí, yo me quedé muy triste otra vez, caminé con dirección a la casa de mis abuelos, con un cigarrillo encendido como de costumbre, y pensé en ¿qué seria de la vida de Jeremi?, ¿en dónde y cómo estaría?. Lo único que pude indagar sobre ella de algunas personas que la conocían, era que había estado saliendo con un chico hace algún tiempo pero que ya no los veían andar por la calle. Lamentablemente, tuve que resignarme una vez más, así que me propuse olvidarla, y dejar todo como el dulce recuerdo de un amor perdido. Tiempo después, en una ocasión en la que regresé a Chimbote a visitar a mis padres y a mis abuelos, estaba en la casa de un amigo de la infancia, en la que también estaban los amigos de él, en un momento se pusieron a hablar sobre chicas que eran modelos (por ende populares) y que habían participado en varios desfiles, Jeremi era una de las más conocidas, y justo uno de los hablaba la mencionó, yo lo miré y le pregunté de inmediato qué sabía sobre ella, sus palabras fueron como una espada atravesándome el pecho, -¿Cómo no sabes?- me dijo, -ha tenido una bebita con su enamorado- yo quedé completamente consternado, -¿ahhh.. sí..?.... ¿hace cuánto?- le pregunté con un tono muy suave como de sorprendido y a su vez de preocupación, -ya hace como tres o cuatro meses- respondió. Yo no sabía que hacer en ese momento, y entonces me di cuenta de que ahora todo tenía sentido, el misterioso viaje que me contó su tía, el que ya no trabajara en telefónica desde hace tiempo, el que ya no se conectara al msn, y que no me respondiera ningún e-mail que le había escrito desde hace mucho tiempo, todo tenía sentido ahora, yo estaba totalmente aturdido, fuera de mi presente, se me vinieron en un segundo todos aquellos recuerdos, desde que la conocí, hasta la última vez en que la vi, la melancolía de inmediato inundó todo mi ser, con un sabor demasiado amargo, quería romper en llanto, y preguntarme ¿por qué la vida es así? ¿por qué le tuvo que pasar esto a ella? ¿por qué a ella? ¿por qué, por qué y por qué? maldita sea!!! ¿¿¿por qué....???!!!
Aquella historia de amor, mi historia de amor, terminó sin haber acabado, suena contradictorio, pero no encuentro mejores palabras para describirla, una historia que terminó en un libro incompleto. Sin embargo, siempre recodaré a mi dulce Jeremi como ese ser tan dulce que una vez conocí sin querer, como el hada que siempre busqué, como aquella linda y tierna chica que se conoce solo una vez en la vida. Hasta siempre, a través de aquellos dulces recuerdos donde quiera que te encuentres, te quiero Jeremi, lo escribí para ti.

