
La otra vez, una amiga muy cercana a mí me comentó que se sentía muy triste, que no sabía lo que tenía, que le habían dado uno de esos arranques de depresión que a todos nos suele pasar, pero que no sabía que hacer, porque el amigo al cual siempre acudía a pedir ayuda, se había ido, pues habían peleado, y ninguno de los dos querían saber nada uno del otro, entonces fue cuando acudió a mi como un ave herida, pidiéndome consuelo y cobijo, me contó su triste historia, y me hizo recordar todo lo que había vivido años atrás, cuando tenía 18 años, había llegado a Lima a estudiar Computación e Informática, venía de Chimbote, era nuevo en aquella ciudad, mis padres no habían venido conmigo, y tenía que arreglármelas solo, al comienzo fue entretenido, pues no estaba mi tan querida mamá molestándome todo el tiempo, imponiéndome horarios de llegada y entrada, de comida, de levantarse y acostarse, y todo lo que una madre le impone a sus hijos. Sin embargo, muchos días después, cuando ya te cansaste de romper todas aquellas reglas y te sientes muy solo, cuando empiezas a extrañar a tu abuela cuando te preparaba el desayuno y te servía la comida, cuando empiezas a extrañar a tus amigos que iban a buscarte, es cuando te das cuenta que tu única compañera es la soledad.
La otra noche, la otra madrugada, cuando estaba en plena batalla entre la soledad y yo, en una época en la cual debía convertirme en un hombre y luchar por mi tranquilidad y felicidad, encontré algo que había escrito, era una carta, la leí y recordé aquella época en la que estaba casi abatido por la soledad que nunca me abandonaba, la leí y me puse muy melancólico porque era muy triste aquello que escribí, siempre con aquella loca idea de buscar compañera, pensando que así se solucionarían mis problemas, y hasta ahora no sé si habré estado en lo cierto o no. Muchos recuerdos de aquella época, cuando vivía solo en Miraflores, cerca al Parque Kennedy, no tenía mucho dinero porque recién había empezado a estudiar y recién llegaba a Lima, no conocía a nadie, no tenía amigos, era tan solo yo y mi fiel compañera de siempre, la soledad. Era muy agobiante tener que soportarla, suena irónico que la soledad sea en algún momento de la vida, nuestra única compañera, y a pesar de estar acompañados, estamos solos. Mucho tiempo después, cuando ya había soportado todo aquello que tenía que soportar, y había aprendido a manejar la situación, puedo decir que todo fue una prueba, quizá la más difícil que me haya tocado hasta hoy, la cual todos la afrontamos en algún momento de nuestras vidas, cuando dejamos de ser niños o adolescentes y nos convertimos en hombres de verdad, en donde no está papá ni mamá para ayudarnos, en donde no hay nadie, solo nosotros mismos, en donde nuestra única voz de consuelo, es nuestra propia voz, en donde tenemos que volvernos muy creativos para escapar de la monotonía, en donde todo se vuelve tan confuso, tan extraño, tan irreal, tan aburrido, y tan triste, que podríamos caer en la locura si no conservamos la calma y la cordura, es un espacio de tiempo en donde el árbol crece y se pone a prueba, en donde afianza sus raíces lo más que puede dentro de la tierra y se fortalece, o en donde no consigue soportar los azotes del viento, y es arrancado y arrojado a los abismos de la nada.
Ésta es la carta que escribí:
"Que se supone que se debe hacer para no sentir algo que te reprime en el fondo del corazón, algo que no te deja respirar, que no te deja dormir, que te quita el aire, que no te da ni siquiera un solo segundo para descansar, algo terriblemente perverso y frió, que te quita el sueño por las noches, algo que carece de sentimientos, algo que nos provoca un dolor insoportable, que muchas veces nos engaña, que nos hace creer que en el alcohol, en el tabaco, en las drogas o en la lujuria, podremos descansar, pero que al final nos damos cuenta que eso solo nos deprime mucho más, y hace que ese dolor sea aún más intenso. Muchas veces durante las noches me pregunto ¿Qué se supone que debo hacer para no sentirme así?, ¿a donde se supone que debo ir?, ¿en donde se supone que esta aquella persona que nuestro corazón necesita?, ¿en donde debemos buscarla?, ¿Cuándo vendrá? Y son preguntas que las oigo cada vez que salgo a meditar, cada vez que llego a mi habitación y contemplo la noche desde la ventana, cada vez que enciendo un cigarrillo, cada vez que estoy escuchando una canción triste, cada vez que estoy viajando en el autobús que me conducirá al instituto, cada vez que hago volar mi imaginación; y de pronto puedo saber que aquellas preguntas jamás podrán ser contestadas. Los días cada vez se tornan más aburridos y ya no tienen sentido, ya no puedo concentrarme en mis estudios, incluso, ya no se que hacer en mis ratos libres, pero es solo en ocasiones que con la pluma puedo desahogarme un poco, pero no es suficiente, y aquí surge una nueva pregunta: ¿Quién se supone que debe leer esta carta? Pues no lo sé.... tan solo puedo saber que esta noche no puedo dormir, no puedo soñar, no puedo calmarme, si tan solo conociera a alguien que cumpla mis expectativas, si tan solo conociera a alguien que lo más importante para ella sea el amor guiado por la sabiduría, a alguien que le guste soñar, salir a caminar y hacer volar su imaginación, conocer a alguien que complemente mis ideas y poder así descubrir la magia que trae consigo el amor, que trae consigo la noche, que trae consigo el mar, la música, la imaginación, la sensualidad, son tantas cosas lindas, en realidad es la magia del amor y su fruto es la felicidad, el sacrificio, la esperanza e incluso el dolor, pues es solo con el amor que se vive en realidad. Sin embargo, al amor aún no lo encuentro, es tan agobiante vivir sin el, si bien es cierto que la soledad es arte de nuestra vida y un lugar muy necesario para conocernos a nosotros mismos, es muy mala para quedarse por mucho tiempo, ya que todas las cosas que forman parte de nuestra historia, son como ingredientes que van formando y moldeando nuestro corazón, pero si uno de estos ingredientes es utilizado con exceso, entonces corremos el riesgo de que algo salga mal, y con mucha mayor razón si se trata de un ingrediente muy poderoso, que tiene que ser utilizado con sumo cuidado, como lo es la soledad, pues podríamos quedar atrapados en ella.
Cada vez que salgo a caminar solitario por las calles de la ciudad, puedo sentir dentro de mí a un corazón que trata de comunicarse con otro, que busca compañía, no importa quien sea, tan solo que aquel corazón sea bueno. Sin embrago, no me refiero a encontrar una pareja, que por cierto sería muy interesante y bueno, si no me refiero a encontrar un amigo, a un buen amigo, a encontrar a alguien como yo, no necesariamente que piense igual que yo, si no a alguien que me de una respuesta a lo que yo estoy buscando. Cuando avanzo lentamente por un sendero copado de gente, como un parque o una plaza, puedo percibir a personas como yo, es como si los que fueran como yo tuviésemos un sexto sentido, que cuando cruzamos nuestras miradas podemos ver la tristeza y la soledad reflejada en ella, pero es solo por unos instantes, ya que cada quien sigue de largo, y ahí está el problema, pues ninguno de los dos da la iniciativa e intenta comunicarse, y eso es producto de la soledad que nos reprime, nos hace ocultar nuestro lado amigable, incluso hasta nos vuelve un poco más tímidos e inseguros, ya que en ese preciso momento no sabemos que hacer o que decir, y cuando atinamos a reaccionar, inmediatamente llega una alerta a nuestra mente sugiriéndonos el peor de los casos, nos dice que la reacción de la otra persona podría ser indiferente, y eso es lo que más tememos, por lo cual nos retraemos y esperamos a que la otra persona tome la iniciativa o simplemente nos ocultamos, y curiosamente cuando la historia de encontrar a alguien llega a su fin, empezamos a meditar sobre lo vivido, y nos reprochamos el no haber hecho algo, y el agobio se torna mayor. Pero más agobiante es cuando pasamos por un pequeño grupo de personas de nuestra edad, que conversan amenamente, y queremos ser parte del grupo, queremos entrar en el círculo y decir -hola soy un solitario que anda en busca de amistad, y me gustaría que compartan un poco de su alegría, de su afán y de su amor, si fuese posible, conmigo, sin importar las diferencias- son muy sinceras y gratas palabras, que ayudarían mucho y lograrían lo que se anhela, pero que desgraciadamente jamás decimos, porque nos falta valor, y porque no sabemos si los corazones de aquellas personas cultivan indiferencia con los que no conocen, es muy arriesgado, pero como lo demuestra la realidad, el que no arriesga no gana. Y me pregunto, ¿algún día tendré el valor de hacer esto? tal vez si, o tal vez no tenga que hacerlo, pues tal vez llegue un momento en el que ya nunca más necesitemos a nadie."
Quizá en aquel momento exageré, pero me sentía tan agobiado, y pues ese es el resultado.
¡Luchar! para vencer al mundo, ¡Y no para que el mundo nos someta!
Somos fuertes, para qué acabarnos la vida pensando en lo que no tenemos, cuando quizá tenemos mucho más pero aún no nos hemos dado cuenta, la vida puede ser dura o frágil, triste o feliz, todo depende de como tomemos las cosas. Ahora me pregunto, ¿Cuál será mi decisión mañana?