febrero 29, 2008

Una larga espera...

Con un cigarrillo encendido, con la guitarra entre mis manos, rasgando las cuerdas para producir el dulce sonido de aquellas melodías que me hacen recordar a mis amores perdidos, amores que una vez tuve, que viví y que sentí, y que ahora solo son parte de mis recuerdos, intentando llegar a las notas más altas, cantando con pasión, viviendo cada verso, inmerso en mi propio mundo, sintiendo que cada estrofa es un grito que nace desde lo más profundo de mi ser, intentando reclamarle a la vida por todos aquellos amores que se extraviaron en el camino, recordándolos uno por uno, intentando conseguir cada vez más inspiración. Justo al borde de lograr concentrarme por completo, el teléfono empieza a vibrar y todo se detiene, observo la pantalla, 'un mensaje nuevo', presiono el botón de lectura, mis ojos recorren las cortas líneas del mensaje, empiezo a sentir temblores en el estómago, dentro de mi cabeza hay una mezcla de asombro, dudas y felicidad, dejo el teléfono tembloroso sobre el escritorio, reinicio la melodía que estaba tocando hace unos instantes, pero esta vez con mucha más pasión que antes, logrando casi al instante el éxtasis total, logrando sumergirme por completo en la música, en aquellos versos que reclaman a aquel amor que se fue, llegando en primera instancia a los tonos más altos, sacrificando la voz al máximo como nunca antes, esta vez la música suena bien, el sonido es melancólico pero muy agradable, dirigiendo aquella melodía hacia las estrellas, con la mente completamente desorbitada producto de todos aquellos recuerdos que se me vinieron a la mente luego de leer aquel mensaje de remitente alguna vez habido perteneciente a un amor perdido.

Muy sorprendido y sensible pienso ¿Cómo tan cortas palabras pueden causar un efecto tan profundo en el corazón de un ser humano? termino la triste canción y de inmediato empiezo otra de tono más sensible y profunda, luego de terminarla continuo tocando otra tras otra, seis en total, cuando siento que el clímax a llegado a su fin, me reclino y pienso sobre este dulce amor que se fue y que al parecer decidió regresar, tomo el teléfono una vez más y le escribo una breve y tierna dedicatoria, quedamos en vernos el fin de semana, veo el calendario, faltan cuatro días, me parece una eternidad, me armo de paciencia y cuento cada día que pasa, imagino el día en que vería a mi amada, la imagino en un parque, sentados, conversando tiernamente, besándonos con pasión, sonriendo a cada instante, sintiendo que el mundo desaparece, suspirando, sintiendo aquella sensación tan agradable y peculiar de nuevo hasta terminar el día, un día que de la nada se volvió tan corto, y así paso los siguientes días pensando en aquel amor que volvió a irrumpir en mi mente y en mi corazón, y que me quitó la calma por completo.

Es casi media noche del viernes, acostado, no puedo dormir por más que lo intento, solo pienso en mañana, me paso cuatro horas en vela, despierto a la una de la tarde, me baño y me cambio, almuerzo con mi familia, dan las tres de la tarde del día cero, impaciente esperando la llamada o el mensaje de mi amada, cojo una revista, intento hacer tiempo, veo el reloj, las cinco y media de la tarde, me impaciento un poco más, veo a mi prima que esta alegremente abrazada con su chico que ha venido a visitarla, me piden que los acompañe a dar una vuelta por la plaza, accedo, me notan algo nervioso y acelerado, les comento el motivo de mi intranquilidad, se alegran y me dicen -cálmate, ya va a llamar-, paseamos un rato, luego me despido y los dejo solos, mientras me alejo volteo para darles un último vistazo, los dos me sonríen dulcemente abrazados y se despiden una vez más moviendo las manos, vuelvo a mi sendero y luego pienso que yo estaré igual que ellos horas más tarde.

Caminando, mis ojos me obligan a divisar una vez más el reloj, saco el celular de mi bolsillo, los números dictan las seis y media, la tarde ya casi termina y está a punto de darle paso a la noche, pienso que mi amada debe estar alistándose y que pronto me llegará su mensaje, regreso a mi casa, me ha dado un poco de hambre y como algo intentando hacer un poco más de tiempo, me siento en la computadora y abro el messenger, pongo música de Guns N' Roses, chateando descubro que todos mis amigos ya tienen planes para hoy, luego pienso que sería cruel e injusto que cualquier persona que pueda y tenga ganas de salir un sábado por la noche no lo haga porque no tiene con quien consumar su salida. Veo una vez más el reloj, las ocho y cuarenta y cinco, me alisto, me rocío un poco de perfume, guardo mis llaves, la billetera, el zippo, la cajetilla de cigarros, el halls, y el celular, salgo a la calle con dirección a Miraflores, saco nuevamente el teléfono para ver si hay algún mensaje nuevo, nada, cada vez me pongo más y más impaciente, busco el numero de mi amada y le envío un mensaje preguntándole cuánto va a demorar, llego al parque Kennedy, me siento en una banca, saco nuevamente el celular, nada nuevo, veo el reloj con las manos temblorosas producto del nerviosismo y la ansiedad, es las diez de la noche, temo lo peor, camino rápidamente hacia el teléfono público más cercano, marco los ocho dígitos de su número telefónico, escucho el tono de timbrado, es una larga espera, nadie contesta, marco su número una vez más y una vez más nadie contesta, intento otra vez pero sin éxito, intento cuatro veces más, el mismo resultado, estoy a punto de rendirme, decido marcar por última vez, timbra una, dos, tres, cuatro veces, alguien contesta, oigo carcajadas de chicas, digo -¿hola?, ¿hola?- pasan tres segundos y cortan, decido llamar de nuevo, suena apagado, después de tres intentos más puedo reconfirmar que el celular está apagado, de pronto mi mente se convierte en un torbellino, las malas ideas brotan por doquier, me siento completamente ofuscado, enciendo el octavo cigarrillo de la larga espera, camino sin dirección, veo nuevamente el reloj, las once y cincuenta de la noche, intento buscar alguna respuesta dentro de mi cabeza, la única que hallo dice "te plantaron, se olvidaron de ti, jugaron contigo y se burlaron", después de oír esto y ver que es verdad me siento completamente humillado y adolorido, totalmente ultrajado, hecho añicos, mi amada nunca apareció, ni siquiera se dignó en contestarme o decirme que no iba a poder salir conmigo, caminando con el teléfono móvil en la mano, revisando todos sus mensajes, recordando sus dulces palabras llenas de espinas en el fondo, no logro comprender mi trágica situación, siento un insoportable deseo de arrojar el maldito aparato y hacerlo trizas contra el suelo, me contengo, borro todos sus mensajes y luego lo guardo, busco un lugar para sentarme, intento relajarme, no lo consigo, maldigo el día en que decidió enviarme aquel mensaje, maldigo el día en que la conocí y la maldigo a ella, suplico justicia, no la encuentro, tampoco sé como hacerla, me pregunto una y otra vez, ¿Por qué ella hizo esto?, ¿Qué de malo le hice?, ¿A caso es malo para ella quererla?, ¿Por qué lo hizo si yo estaba tan tranquilo?, estaba a punto de olvidarla, nunca la busqué ni le escribí ni la llamé, la tenía a un paso de enterrarla en mis recuerdos, porque decidió buscarme para luego dejarme como a un perro, que criatura tan espantosa y terrible resultó ser, no puedo más con esto, no me lo merezco, buscaré algo con que olvidarme de ella.

Me levanto de la banca, me dirijo a una discoteca en la que posiblemente encontraré algunos amigos, camino abriéndome paso entre la multitud, los encuentro, busco alguna chica con la cual bailar, encuentro a una y bailo sin parar como si fuese la última vez, después de seis largas canciones estoy completamente exhausto, estoy mucho más calmado, busco a mi grupo, me siento en la mesa y tomo el octavo vaso de cerveza, luego pienso que es parte del consuelo que tanto necesitaba, a nadie le cuento lo que me sucedió, oculto mi sufrimiento, intento olvidarlo conversando con la linda chica que conocí aquella noche, la invito a bailar una vez más, mientras bailamos nuestras distancias se acortan a muy pocos milímetros uno del otro, nuestras narices se rozan y sonreímos, continuamos bailando, el alcohol ya hizo efecto suficiente en mi, de pronto me encuentro besando a esta dulce desconocida, sus besos saben muy bien, sonrió, me siento relajado, he olvidado por completo aquel tortuoso momento, ya no pienso más en ella, ya no...