
No recuerdo exactamente cuantos amores perdí, no recuerdo cuantos quedaron atrás, cuantos se fueron y los vi alejarse sin poder hacer nada, amores que se desvanecieron en el instante en que luchaba por retenerlos, amores que se fueron por más que hice cuanto pude y se me escaparon de las manos, amores que por razones desconocidas no pudieron concretarse y que a todos ellos les dedico esta carta, estas líneas que con el corazón casi roto, las escribo. Recuerdo los efectos de la desdicha en su punto más alto, recuerdo a mi única compañera llamada soledad, recuerdo las tardes vacías, recuerdo caminar por la calle con un cigarrillo encendido, sin rumbo, sin sentido, tan solo caminar y pensar, llegar hasta el borde en el que la tierra limita con el océano, suspirar, intentando encontrar una respuesta de porque ella se ha ido, dejándome con el alma hecha un nudo y el corazón vacío. ¿Qué sucede con aquella que se aleja?, ¿Qué sentido tiene al final de todo para esa persona?, jamás lo sabré, tan solo sé que existió una vez el corazón puro y sincero de alguien que quiso compartir un poco de si con otra persona, y hacer de su unión una razón para aspirar a ser mejores, en un mundo cada vez peor y lleno de errores.
Admitiendo que a pesar de haber encontrado a muchas a lo largo de mi vida, con las cuales hubiese sido posible ser feliz tan solo por un momento, y que por más que esperé nunca llegó tal día, amores que fueron como mariposas que se pararon a beber el néctar de una triste alma herida y que luego de cautivarla, se marcharon, dejando como único recuerdo la despedida y una melancólica mirada que se aleja. Ésta es la historia de un triste corazón que no eligió amar tanto para recibir tan poco, tan solo amaba porque esa era su naturaleza y así había nacido, un corazón que llevaba siempre las marcas de todas las heridas que le provocaron sus amores perdidos, algunas abiertas todavía, las cuales le dieron vida a esta historia llena de nostalgia.
No creo que me guste el dolor, no creo que sea algo normal que a alguien le guste, tampoco me gusta estar solo todo el tiempo, y a su vez pienso que no sería normal que a alguien le guste andar siempre solo, pero ¿Y si el destino nos atrapa y nos lanza a ese pozo frío y oscuro lleno de dolor y soledad?, nadie elegiría un camino tan tortuoso, pero se que muchos nos encontramos sumergidos en ese abismo, yo en particular he intentado salir varias veces, hasta que creí que lo había conseguido, sin ayuda de nadie, simplemente un día que mi corazón estaba exhausto de todas las batallas que había librado para controlar las constantes y cada vez más profundas hemorragias, decidió tomar un descanso y se durmió por primera vez, nunca antes lo había hecho, y por eso no entendía que se siente estar sin amar, la respuesta era "paz", sin embargo, los corazones no descansan para siempre, y el mío volvió a despertar, ya recuperado, dispuesto a volver a encenderse, fue cuando descubrí el miedo a volver amar, y en muchas ocasiones evitaba que lo hiciera, costaba mucho pero lo lograba, trataba de controlarlo cada vez que podía, hasta que un día ya no pude retenerlo más y se encendió sin control. Hoy tengo el corazón triste y desesperado, no me avergüenza decirlo porque no hay razón de hacerlo, a pesar de que siempre intentaba ocultarlo lo más que podía y parecer feliz, pero que al final solo lograba hacerme más daño, es cierto. Quizá le reclame a la vida una explicación del caso, le he suplicado a Dios que me ayude a entender todo esto, jamás he cuestionado su voluntad y nunca he de hacerlo, a pesar de que en muchas ocasiones duele, tan solo quiero entender, y enteder a veces cuesta mucho, y a veces se entiende cuando ya no se puede hacer nada para cambiar las cosas.
Recuerdo un poco. A Jeremi, a mi Mariposa de Amor, a Maria Claudia, son tantas, y llevo clavada una espina por cada nombre, una espina que en su momento, cuando intentaba sacarla, más grande se hacía la herida, hasta llegar al éxtasis del descontrol, del sufrimiento y la desesperación, sin poder remediar ninguna de ellas, cada intento de extracción de la espina, cada momento en que recordaba que ya no volvería, era sucedido por una crisis de desolación, y otra vez la frustración, el sufrimiento y la desesperación, y mi único remedio, "esperar a que pase", el cual lleva impregnado en su esencia uno de los sabores más amargos que existen, era como tener un ataque de asma sin tener un inhalador con que calmar la crisis. Yo estaba enfermo, enfermo de amor, como ahora, con una nostalgia infinita, haciendo de mi propio doctor y enfermero, secándome las lágrimas durante la noche y poniéndome paños fríos para bajar un poco la temperatura, haciendo puños y soportando cada vez que se aproxima otra crisis de amor, pues mi corazón la reclama, pide su compañía, se desangra y ella es la única que puede curarlo, no se que decirle cada vez que me pregunta dónde está, ya se me acabaron las excusas, ya no puedo evadirlo, ella se mete a mi mente y se apodera de mis emociones, siento tanta rabia por haberla perdido, siento tanta rabia de no poder tener una respuesta, de saber que se a ido, de saber que no puedo reclamarla, de que lo único que me queda es olvidarla, pero que no se puede, al menos no por ahora, no sin una explicación, estoy desesperado, ya no importa nada, tan solo ella, intentaré buscarla en mis sueños, ¿Podré encontrarla?. Pero, de qué me sirve una ilusión, agrandará más la herida, la necesito a ella no a una ilusión, ¿A dónde te has metido?, vuelve a mis brazos, seamos felices aunque sea por un momento, regresa y te mostraré un mundo nuevo en donde los sueños puedan ser verdad.
Admitiendo que a pesar de haber encontrado a muchas a lo largo de mi vida, con las cuales hubiese sido posible ser feliz tan solo por un momento, y que por más que esperé nunca llegó tal día, amores que fueron como mariposas que se pararon a beber el néctar de una triste alma herida y que luego de cautivarla, se marcharon, dejando como único recuerdo la despedida y una melancólica mirada que se aleja. Ésta es la historia de un triste corazón que no eligió amar tanto para recibir tan poco, tan solo amaba porque esa era su naturaleza y así había nacido, un corazón que llevaba siempre las marcas de todas las heridas que le provocaron sus amores perdidos, algunas abiertas todavía, las cuales le dieron vida a esta historia llena de nostalgia.
No creo que me guste el dolor, no creo que sea algo normal que a alguien le guste, tampoco me gusta estar solo todo el tiempo, y a su vez pienso que no sería normal que a alguien le guste andar siempre solo, pero ¿Y si el destino nos atrapa y nos lanza a ese pozo frío y oscuro lleno de dolor y soledad?, nadie elegiría un camino tan tortuoso, pero se que muchos nos encontramos sumergidos en ese abismo, yo en particular he intentado salir varias veces, hasta que creí que lo había conseguido, sin ayuda de nadie, simplemente un día que mi corazón estaba exhausto de todas las batallas que había librado para controlar las constantes y cada vez más profundas hemorragias, decidió tomar un descanso y se durmió por primera vez, nunca antes lo había hecho, y por eso no entendía que se siente estar sin amar, la respuesta era "paz", sin embargo, los corazones no descansan para siempre, y el mío volvió a despertar, ya recuperado, dispuesto a volver a encenderse, fue cuando descubrí el miedo a volver amar, y en muchas ocasiones evitaba que lo hiciera, costaba mucho pero lo lograba, trataba de controlarlo cada vez que podía, hasta que un día ya no pude retenerlo más y se encendió sin control. Hoy tengo el corazón triste y desesperado, no me avergüenza decirlo porque no hay razón de hacerlo, a pesar de que siempre intentaba ocultarlo lo más que podía y parecer feliz, pero que al final solo lograba hacerme más daño, es cierto. Quizá le reclame a la vida una explicación del caso, le he suplicado a Dios que me ayude a entender todo esto, jamás he cuestionado su voluntad y nunca he de hacerlo, a pesar de que en muchas ocasiones duele, tan solo quiero entender, y enteder a veces cuesta mucho, y a veces se entiende cuando ya no se puede hacer nada para cambiar las cosas.
Recuerdo un poco. A Jeremi, a mi Mariposa de Amor, a Maria Claudia, son tantas, y llevo clavada una espina por cada nombre, una espina que en su momento, cuando intentaba sacarla, más grande se hacía la herida, hasta llegar al éxtasis del descontrol, del sufrimiento y la desesperación, sin poder remediar ninguna de ellas, cada intento de extracción de la espina, cada momento en que recordaba que ya no volvería, era sucedido por una crisis de desolación, y otra vez la frustración, el sufrimiento y la desesperación, y mi único remedio, "esperar a que pase", el cual lleva impregnado en su esencia uno de los sabores más amargos que existen, era como tener un ataque de asma sin tener un inhalador con que calmar la crisis. Yo estaba enfermo, enfermo de amor, como ahora, con una nostalgia infinita, haciendo de mi propio doctor y enfermero, secándome las lágrimas durante la noche y poniéndome paños fríos para bajar un poco la temperatura, haciendo puños y soportando cada vez que se aproxima otra crisis de amor, pues mi corazón la reclama, pide su compañía, se desangra y ella es la única que puede curarlo, no se que decirle cada vez que me pregunta dónde está, ya se me acabaron las excusas, ya no puedo evadirlo, ella se mete a mi mente y se apodera de mis emociones, siento tanta rabia por haberla perdido, siento tanta rabia de no poder tener una respuesta, de saber que se a ido, de saber que no puedo reclamarla, de que lo único que me queda es olvidarla, pero que no se puede, al menos no por ahora, no sin una explicación, estoy desesperado, ya no importa nada, tan solo ella, intentaré buscarla en mis sueños, ¿Podré encontrarla?. Pero, de qué me sirve una ilusión, agrandará más la herida, la necesito a ella no a una ilusión, ¿A dónde te has metido?, vuelve a mis brazos, seamos felices aunque sea por un momento, regresa y te mostraré un mundo nuevo en donde los sueños puedan ser verdad.
